• En pocas palabras

    Todos los cerebros del mundo son impotentes contra cualquier estupidez que esté de moda. Jean de La Fontaine
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    No intentes jamás curar el cuerpo, sin antes haber curado el alma. Hipócrates
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    Visión es el arte de ver las cosas invisibles. Jonathan Swift
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    El tipo de filosofía que uno elige depende del tipo de persona que uno es. J.G. Fichte

  • Es necesario liberarse de las cadenas de las ocupaciones cotidianas y de los asuntos políticos... Hay que huir de la política porque daña y destruye la felicidad.
    Epicuro

  • La existencia está más allá del razonamiento... Cuando hayas visto las limitaciones de la inteligencia... empezarás a superar la mente... El hombre es un signo de interrogación, es una bendición. Celébralo".
    Osho

  • Traductor

George Berkeley – Principios del conocimiento humano

George Berkeley (Inglés, Británico 1685 – 1753)

No existen cosas con independencia del espíritu que las percibe.

Lo infinito implica por naturaleza el no poder ser comprendido o abarcado por lo que es finito.

Todos los cuerpos que componen la maravillosa estructura del universo, sólo tienen sustancia en una mente; su ser (esse) consiste en que sean percibidos o conocidos. Y por consiguiente, en tanto que nos los percibamos actualmente, es decir, mientras no existan en mi mente o en la de otro espíritu creado, una de dos: o no existen en absoluto, o bien subsisten sólo en la mente de un espíritu eterno.
Extensión, figura y movimiento no son más que ideas que existen en la mente; y como una idea sólo puede semejarse a otra idea, resulta que ni estas ideas ni sus arquetipos u originales pueden existir en una sustancia que no perciba.

Se admite que las ideas de lo grande y de lo pequeño, de la rapidez y de la lentitud, existen sólo en la mente y son del todo relativas, dependiendo de las variaciones en la estructura o posición de los órganos sensoriales. Por lo tanto, la extensión, que, según se afirma, existe con independencia de la mente, no es ni grande ni pequeña; y de igual modo el movimiento no es ni lento ni rápido: es decir, que no son nada en absoluto.

¿Por qué no hemos de concluir igualmente que la extensión y la figura no son copias o semejanzas de cualidades existentes en la materia, ya que un mismo ojo en diferente punto de vista y ojos diferentemente estructurados o defectuosos las aprecian de diverso modo, no siendo por tanto imágenes de cosa alguna fija y determinada que se halle fuera de la mente?

En resumen, cualquiera que considere los argumentos aducidos para probar que el color, el sabor, etc., son cosas meramente subjetivas, comprenderá sin dificultad que también son válidas para demostrar lo mismo y con igual fuerza respecto de la extensión, figura y movimiento.
( …) Las pruebas antedichas claramente confirman ser imposible la existencia de la extensión, del color o de cualquiera otra cualidad sensible en un sujeto no pensante.—Una sustancia extensa y móvil, o en general, cualquier idea o cosa semejante a una idea, con existencia independiente de la mente que la percibe (…)
Cuando nos esforzamos por concebir la existencia de los cuerpos externos, no hacemos otra cosa sino contemplar nuestras propias ideas; acto en el que nuestra mente, no mirándose a sí misma, viene a quedar ilusoriamente engañada dando por sentado que puede concebir y que de hecho concibe los cuerpos con existencia independiente del pensamiento, a pesar de que en ese mismo hecho los aprehende existentes sólo en sí misma.

La existencia absoluta de las cosas desprovistas o independientes de todo pensamiento o implica un absurdo o es imposible de entender por carecer de sentido.

Tiene que haber una causa de la que dependan las ideas, que las produzca y que sea capaz de modificarlas (…) la causa de las ideas es una sustancia activa incorpórea, o sea, un espíritu.

Es tal la naturaleza del espíritu o eso que actúa, que no puede ser percibido por sí mismo, sino solamente por los efectos que produce.

Leyes de la naturaleza (…) El conocimiento de estas leyes es necesario para nuestro gobierno.

Sabiduría de aquel supremo Espíritu cuya voluntad determina las leyes de la naturaleza.
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Las ideas impresas en el sentido por el autor de la naturaleza se llaman cosas reales; y las despertadas en la imaginación, por ser menos regulares, de menor viveza y mayor variabilidad, se llaman propiamente ideas o imágenes de las cosas que copian y representan.

No pretendo refutar la existencia de las cosas que podemos percibir ya por el sentido ya por la reflexión; no se puede poner la menor objeción contra la existencia de lo que vemos con nuestros ojos y tocamos con nuestras manos.
Lo único inadmisible y que niego absolutamente es la existencia de lo que los filósofos llaman materia o sustancia corpórea.

Normas o leyes naturales, manifiestan ser efecto de una mente superior, más poderosa y más sabia que el espíritu humano.
Cosa, por oposición a idea, se toma como sinónimo de algo que existe fuera de la mente.

Nadie pretenderá que el dolor, por muy real que sea, exista o pueda existir sin un sujeto pensante que lo perciba, ni más ni menos que la idea que de él podamos formarnos.

Se dice que es un craso despropósito pensar que, al cerrar mis párpados, todos los objetos visibles que me rodean hayan de ser reducidos a la nada, y, sin embargo, ¿no es esto lo que todos los filósofos admiten al afirmar que la luz y los colores, objeto propio de la vista, son meras sensaciones que sólo existen al percibir?

Y si la materia es divisible hasta lo infinito, la consecuencia inmediata es que en cada partícula de materia ha de haber infinito número de partes, aunque el sentido no las perciba. Por lo tanto, si un cuerpo determinado se presenta ante nosotros como de una magnitud finita y con un número finito de partes, esto depende no de que en sí mismo no contenga más, sino de la poca agudeza del sentido que no puede discernirlas.
A medida, pues, que el sentido adquiera mayor penetración, percibirá en el objeto mayor número de partes, esto es, el objeto aparecerá mayor, su figura cambiará de aspecto.
(…) En todo este proceso no hay alteración alguna en el cuerpo sino sólo en el sentido. Por consiguiente, todo cuerpo considerado en si mismo es infinitamente extenso, careciendo de toda forma y figura.

Aunque afirmamos ciertamente que los objetos del sentido no existen si no son percibidos, no hay que deducir de ello que solamente existan cuando nosotros los percibamos, ya que puede haber otros espíritus que los perciban, y nosotros no. Cuando decimos que los cuerpos no tienen existencia en la mente, o fuera de ella, no nos referimos a ésta o aquélla en particular, sino a cualquier mente en general. Así se ve que dentro de nuestra teoría no es necesario suponer que los cuerpos sean aniquilados y creados a cada instante, o que dejen de existir en los intervalos de una percepción individual.

Comprender este lenguaje instituido por el Autor de la naturaleza, debería ser el único trabajo del que quiere estudiar la creación, en vez de intentar explicar las cosas por causas corpóreas, que es lo que ha alejado al entendimiento humano de aquel principio activo, de aquel Supremo y Sapientísimo Espíritu, «dentro del cual vivimos, nos movemos y somos».

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