• En pocas palabras

    Todos los cerebros del mundo son impotentes contra cualquier estupidez que esté de moda. Jean de La Fontaine
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    No intentes jamás curar el cuerpo, sin antes haber curado el alma. Hipócrates
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    Visión es el arte de ver las cosas invisibles. Jonathan Swift
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    El tipo de filosofía que uno elige depende del tipo de persona que uno es. J.G. Fichte

  • Es necesario liberarse de las cadenas de las ocupaciones cotidianas y de los asuntos políticos... Hay que huir de la política porque daña y destruye la felicidad.
    Epicuro

  • La existencia está más allá del razonamiento... Cuando hayas visto las limitaciones de la inteligencia... empezarás a superar la mente... El hombre es un signo de interrogación, es una bendición. Celébralo".
    Osho

  • Traductor

Antonio Machado

A. Machado

Emily Dickinson – Poemas a la muerte

(fragmentos)


Hacia una Condición desconocida


Habré de sorprenderme
y descifrar Signos e Indicios,
y tropezar infinidad de veces,
hasta encontrar la clave celestial.


Infinitud de Mares
que nunca vieron Costa —
el Borde de otros Mares por nacer —
La Eternidad — es Eso —


Uno más Uno — es Uno —
El Dos — es una fórmula gastada —
Buena para enseñarla en las Escuelas —
pero Inferior como Elección —


La Muerte es un Diálogo
entre Polvo y Espíritu.
«Deshazte», dice Ella — y el Espíritu:
«Señora, espero Algo bien distinto»


Pasajero — del Infinito




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El amor y occidente – Denis de Rougemont

Algo mejor que buscar el amor de tu vida, es no necesitarlo. Porque esa búsqueda se hace desde el sentimiento de carencia, con las expectativas de que el otro va a satisfacer esas carencias. Ese es el error de base. No hay carencias en mí, solo ocurre que no he descubierto mi ser interior. Cuando lo haga encontraré que en mi hay paz, sosiego, bienestar. Todo lo que esperaba conseguir de un ser exterior supuestamente especial está ya en mí, pero hace falta desvelarlo.

Denis de Rougemont en su ensayo “El amor y occidente” de 1938 analiza la formación y evolución de la idea del amor entre sexos surgida en el la Europa de finales del siglo XII llegando hasta el siglo XX. Víctimas como somos de esta herencia que encontramos en la literatura, el cine, la canción y en la vida social, es bueno conocer su artificiosidad. Al final del libro de unas 360 páginas apunta unas posibles salidas que  recojo aquí en los cuatro párrafos finales.

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Para los griegos y los romanos el amor es una enfermedad (Menandro) en la medida en que trasciende la voluptuosidad que es su fin natural. Es un “frenesí” dice Plutarco. “Algunos pensaron que era una furia. … Así a los que están enamorados hay que perdonarlos como enfermos…”

El Ágape reconoce únicamente al prójimo y lo ama (…) tal como es en la realidad de su miseria y de su esperanza (…) Vemos que en Oriente y en la Grecia contemporánea a Platón, el amor humano es muy generalmente concebido como el placer, la simple voluptuosidad física. Y la pasión en su sentido trágico y doloroso- no sólo escasea sino que, más aún, la moral corriente la menosprecia’ como a una enfermedad frenética. “Algunos piensan que es un furor”

Las ideas religiosas de una época influyen generalmente en la concepción que se hace del amor y sobre todo que el vocabulario de la galantería toma sus reglas de la devoción. Desde el momento en que adorar se convierte en sinónimo de amar esta metáfora trae consigo una cantidad de metáforas más

La retórica cortesana fue al menos inspirada por la mística Cátara

El amor pasión glorificado por el mito fué realmente, en el siglo doce, fecha de su aparición, una RELIGIÓN, con toda la fuerza que esta palabra lleva consigo y especialmente UNA HEREJÍA CRISTIANA

La conciencia moderna (…) Ha creído poder “explicar” lo más alto por lo más bajo, la mística pura por la pasión humana (…) Ahora bien, ¿de dónde vienen estas metáforas? Como vimos, de una mística disfrazada, perseguida y finalmente olvidada. A tal grado olvidada, como herejía, y pasada a las costumbres, como poesía (…) el “instinto” de que se habla resulta de una profanación de la mística primitiva

El amor a la Dama (…) se convierte en el símbolo de la unión imposible con la mujer

El amor y occidente
Ciertamente Beatriz ha existido y ciertamente el Dante la ha amado. Se trata, pues, de una sublimación, a la inversa de lo que ocurrió con los trovadores

Llegaba el tiempo en que los poetas sucumbirían ante los encantos del espejo de la retórica profana. Veremos a Petrarca dejarse engañar “por lo que no es”, es decir, por la imagen de su Laura

Tieck: el amor como “una enfermedad del deseo” (…) La exaltación de la muerte voluntaria, amorosa y divinizadora, he ahí el tema más profundo de esta nueva herejía albigense que fué el romanticismo alemán

Fichte da su definición del amor-por-esencia-imposible (…) “el deseo de algo enteramente desconocido, que se revela únicamente por una necesidad, por un malestar, por un vacío en busca de algo que lo colmara, sin saber, empero, de donde puede venir”

Según Stendhal enamorarse consiste en atribuir a una mujer perfecciones que en modo alguno posee. ¿Por qué? Porque es necesario amar y porque sólo se puede amar la belleza

Ortega y Gasset Se ve obligado a definir el amor como “una enfermedad del espíritu” – como en la pura tradición antigua, sólo que afirma que se siente dichoso de estar enfermo

La pasión y el matrimonio son por esencia incompatibles. Sus orígenes y sus finalidades se excluyen. De su coexistencia en nuestras vidas surge un sin fin de problemas insolubles y este conflicto amenaza permanentemente todas nuestras “seguridades” sociales

O el aburrimiento o la pasión: tal es el dilema que introduce en nuestras vidas la idea moderna de felicidad. Lo cual lleva, a pesar de todo, a la ruina del matrimonio en tanto que institución social

Todo el mundo es capaz de reconocer que la pasión profana es un absurdo, una forma de intoxicación, una “enfermedad del alma”, como pensaban los antiguos; es uno de los lugares comunes más usados por los moralistas; pero una persona ya no puede creerlo en la época de la película y de la novela -estamos todos más o menos intoxicados- y este matiz es decisivo. (…) La pasión es siempre la aventura. Es aquello que va a cambiar mi vida, a enriquecerla de imprevisto

El hombre de la pasión lo que quiere es ser poseído, desposeído, lanzado fuera de sí, en el éxtasis. Y en realidad es ya su nostalgia –cuyo origen y fin ignora– la que lo “enajena”. Su ilusión de libertad descansa sobre esta doble ignorancia

¡Amar, en el sentido de la pasión, es entonces lo contrario de vivir!

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