• En pocas palabras

    Todos los cerebros del mundo son impotentes contra cualquier estupidez que esté de moda. Jean de La Fontaine
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    No intentes jamás curar el cuerpo, sin antes haber curado el alma. Hipócrates
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    Visión es el arte de ver las cosas invisibles. Jonathan Swift
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    El tipo de filosofía que uno elige depende del tipo de persona que uno es. J.G. Fichte

  • Es necesario liberarse de las cadenas de las ocupaciones cotidianas y de los asuntos políticos... Hay que huir de la política porque daña y destruye la felicidad.
    Epicuro

  • La existencia está más allá del razonamiento... Cuando hayas visto las limitaciones de la inteligencia... empezarás a superar la mente... El hombre es un signo de interrogación, es una bendición. Celébralo".
    Osho

  • Traductor

Notas de sociedad

Servidumbres de la democracia

 

– ¿Qué es la mayoría? La mayoría es un absurdo: la inteligencia ha sido siempre de los pocos. Schiller

– El futuro de un país nunca está en manos de aquellos que están bien informados. Casi siempre es la mayoría desinformada la que toma decisiones, a menudo en nombre de la democracia, y (…) pueden derivarse trágicas consecuencias. Henry Kamen

– La democracia no es más que el gobierno de las masas, donde un 51% de la gente puede lanzar por la borda los derechos del otro 49%.Thomas Jefferson

– Si no se produce una mutación de la conciencia ciudadana, la democracia seguirá siendo la tiranía de una mayoría necia. Alejandro Jodorowsky

– Tengo mucho miedo a los pendejos, porque son muchos y pueden elegir un presidente. Facundo Cabral

– Cuanto más democrática se vuelve una democracia, más tiende a ser gobernada por la plebe, degenerando en oclocracia (gobierno de la muchedumbre). Aristóteles

– Es un déspota todo aquel que cree que ser opositor al gobierno es ser traidor a la patria. Juan Bautista Alberdi

– Aquel que no es capaz de gobernarse a si mismo no será capaz de gobernar a los otros. Mahatma Gandhi

– El lenguaje político es construido para lograr que las mentiras parezcan verdaderas. George Orwell

– Cuantas menos razones tiene un hombre para enorgullecerse de sí mismo, más suele enorgullecerse de pertenecer a una nación. Arthur Schopenhauer

– El patriotismo es amar a los suyos y el nacionalismo es negar a los otros. Romain Gary

– Todos los países son una invención. Sólo es real el planeta. Alejandro Jodorowsky

– Imagine there’s no countries. John Lennon

– Seria muy triste malgastar demasiada energía en el suelo yermo de la política. Albert Einstein

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El amor y occidente – Denis de Rougemont

Algo mejor que buscar el amor de tu vida, es no necesitarlo. Porque esa búsqueda se hace desde el sentimiento de carencia, con las expectativas de que el otro va a satisfacer esas carencias. Ese es el error de base. No hay carencias en mí, solo ocurre que no he descubierto mi ser interior. Cuando lo haga encontraré que en mi hay paz, sosiego, bienestar. Todo lo que esperaba conseguir de un ser exterior supuestamente especial está ya en mí, pero hace falta desvelarlo.

Denis de Rougemont en su ensayo “El amor y occidente” de 1938 analiza la formación y evolución de la idea del amor entre sexos surgida en el la Europa de finales del siglo XII llegando hasta el siglo XX. Víctimas como somos de esta herencia que encontramos en la literatura, el cine, la canción y en la vida social, es bueno conocer su artificiosidad. Al final del libro de unas 360 páginas apunta unas posibles salidas que  recojo aquí en los cuatro párrafos finales.

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Para los griegos y los romanos el amor es una enfermedad (Menandro) en la medida en que trasciende la voluptuosidad que es su fin natural. Es un “frenesí” dice Plutarco. “Algunos pensaron que era una furia. … Así a los que están enamorados hay que perdonarlos como enfermos…”

El Ágape reconoce únicamente al prójimo y lo ama (…) tal como es en la realidad de su miseria y de su esperanza (…) Vemos que en Oriente y en la Grecia contemporánea a Platón, el amor humano es muy generalmente concebido como el placer, la simple voluptuosidad física. Y la pasión en su sentido trágico y doloroso- no sólo escasea sino que, más aún, la moral corriente la menosprecia’ como a una enfermedad frenética. “Algunos piensan que es un furor”

Las ideas religiosas de una época influyen generalmente en la concepción que se hace del amor y sobre todo que el vocabulario de la galantería toma sus reglas de la devoción. Desde el momento en que adorar se convierte en sinónimo de amar esta metáfora trae consigo una cantidad de metáforas más

La retórica cortesana fue al menos inspirada por la mística Cátara

El amor pasión glorificado por el mito fué realmente, en el siglo doce, fecha de su aparición, una RELIGIÓN, con toda la fuerza que esta palabra lleva consigo y especialmente UNA HEREJÍA CRISTIANA

La conciencia moderna (…) Ha creído poder “explicar” lo más alto por lo más bajo, la mística pura por la pasión humana (…) Ahora bien, ¿de dónde vienen estas metáforas? Como vimos, de una mística disfrazada, perseguida y finalmente olvidada. A tal grado olvidada, como herejía, y pasada a las costumbres, como poesía (…) el “instinto” de que se habla resulta de una profanación de la mística primitiva

El amor a la Dama (…) se convierte en el símbolo de la unión imposible con la mujer

El amor y occidente
Ciertamente Beatriz ha existido y ciertamente el Dante la ha amado. Se trata, pues, de una sublimación, a la inversa de lo que ocurrió con los trovadores

Llegaba el tiempo en que los poetas sucumbirían ante los encantos del espejo de la retórica profana. Veremos a Petrarca dejarse engañar “por lo que no es”, es decir, por la imagen de su Laura

Tieck: el amor como “una enfermedad del deseo” (…) La exaltación de la muerte voluntaria, amorosa y divinizadora, he ahí el tema más profundo de esta nueva herejía albigense que fué el romanticismo alemán

Fichte da su definición del amor-por-esencia-imposible (…) “el deseo de algo enteramente desconocido, que se revela únicamente por una necesidad, por un malestar, por un vacío en busca de algo que lo colmara, sin saber, empero, de donde puede venir”

Según Stendhal enamorarse consiste en atribuir a una mujer perfecciones que en modo alguno posee. ¿Por qué? Porque es necesario amar y porque sólo se puede amar la belleza

Ortega y Gasset Se ve obligado a definir el amor como “una enfermedad del espíritu” – como en la pura tradición antigua, sólo que afirma que se siente dichoso de estar enfermo

La pasión y el matrimonio son por esencia incompatibles. Sus orígenes y sus finalidades se excluyen. De su coexistencia en nuestras vidas surge un sin fin de problemas insolubles y este conflicto amenaza permanentemente todas nuestras “seguridades” sociales

O el aburrimiento o la pasión: tal es el dilema que introduce en nuestras vidas la idea moderna de felicidad. Lo cual lleva, a pesar de todo, a la ruina del matrimonio en tanto que institución social

Todo el mundo es capaz de reconocer que la pasión profana es un absurdo, una forma de intoxicación, una “enfermedad del alma”, como pensaban los antiguos; es uno de los lugares comunes más usados por los moralistas; pero una persona ya no puede creerlo en la época de la película y de la novela -estamos todos más o menos intoxicados- y este matiz es decisivo. (…) La pasión es siempre la aventura. Es aquello que va a cambiar mi vida, a enriquecerla de imprevisto

El hombre de la pasión lo que quiere es ser poseído, desposeído, lanzado fuera de sí, en el éxtasis. Y en realidad es ya su nostalgia –cuyo origen y fin ignora– la que lo “enajena”. Su ilusión de libertad descansa sobre esta doble ignorancia

¡Amar, en el sentido de la pasión, es entonces lo contrario de vivir!

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Libertad, pluralismo, democracia

Recojo unas anotaciones en dos textos leídos hace años que recupero ahora. El primero de Herbert Marcuse, el hombre unidimensional de 1964, y el segundo de Isaiah Berlin de 1958 en “Dos conceptos de libertad”.Observo como con el paso de los años no pierden actualidad.

Detrás de esos fragmentos subyace el debate sobre el papel de las libertades individuales dentro de un marco social, dado que demasiadas veces los organizadores del espacio público priman lo colectivo por encima de lo individual, sacrifican lo concreto por lo abstracto, faltando así al respeto de derechos elementales.

El imperativo ético del respeto al otro, en cualquier actividad de la vida social es previo a un posicionamiento político. Su denuncia está más allá de partidismos.

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Universales como «nación», «Estado», «la Constitución Británica», «la Universidad de Oxford», «Inglaterra» (…) la manera en que tales cosas y personas están organizadas, integradas y administradas opera como una entidad diferente de sus partes componentes, hasta un grado tal que puede disponer de la vida y la muerte, como en el caso de la nación y la constitución. Las personas que ejecutan el veredicto, si son identificables, no lo hacen como individuos sino como «representantes» de la Nación, la Empresa, la Universidad (…)  Esta realidad ha asumido una existencia superimpuesta, independiente (…)  Para que tuviesen sentido, «la nación» o «el partido» deberían ser convertibles en sus constituyentes y componentes. (…) la falta de instituciones representativas en las que los individuos trabajen para sí mismos y hablen por sí mismos, lleva a la realidad de universales como la Nación, el Partido, la Constitución, la Empresa, la Iglesia; una realidad que no es idéntica a ninguna entidad particular identificable (individuo, grupo o institución). Estos universales expresan (…) los poderes particulares que han organizado la totalidad de la sociedad.

Una reconversión que disolviera la sustancia espuria de lo universal es todavía un desiderátum; pero es un desiderátum político.

 

Marcuse – El hombre unidimensional

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La teoría política es una rama de la filosofía moral, que comienza con el descubrimiento de las ideas morales en el ámbito de las relaciones políticas y con la aplicación de aquéllas a éstas.

Frecuentemente se han señalado los peligros que lleva consigo usar metáforas orgánicas para justificar la coacción ejercida por algunos hombres sobre otros con el fin de elevarlos a un nivel «superior» de libertad. Pero lo que le da la plausibilidad que tiene a este tipo de lenguaje, es que reconozcamos que es posible, y a veces justificable, coaccionar a los hombres en nombre de algún fin (digamos p. e. la justicia o la salud pública) que ellos mismos perseguirían, si fueran más cultos, pero que no persiguen porque son ciegos, ignorantes o están corrompidos. Esto facilita que yo conciba coaccionar a otros por su propio bien, por su propio interés, y no por el mío. Entonces pretendo que yo sé lo que ellos verdaderamente necesitan mejor que ellos mismos. Lo que esto lleva consigo es que ellos no se me opondrían si fueran racionales, tan sabios como yo, y comprendiesen sus propios intereses como yo los comprendo. Pero puedo pretender aún mucho más que esto. Puedo decir que en realidad tienden a lo que conscientemente se oponen en su estado de ignorancia porque existe en ellos una entidad oculta —su voluntad racional latente, o su fin «verdadero»—, que esta entidad, aunque falsamente representada por lo que manifiestamente sienten, hacen y dicen, es su «verdadero» yo, del que el pobre yo empírico que está en el espacio y en el tiempo puede que no sepa nada o que sepa muy poco, y que este espíritu interior es el único yo que merece que se tengan en cuenta sus deseos. En el momento en que adopto esta manera de pensar, ya puedo ignorar los deseos reales de los hombres y de las sociedades, intimidarlos, oprimirlos y torturarlos.

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